El Naufragio del ferry "Doña Paz"


El hundimiento del ferry filipino MV “Doña paz” en 1987, con un resultado de 4.341 víctimas (casi 3 veces las del “Titanic”), fue el peor desastre sufrido por una embarcación en tiempos de paz.

El naufragio del ferry Doña Paz


El Doña Paz tenía unas dimensiones de 93,1 metros de eslora, 13,6 de manga y 8,1 de puntal. Desplazaba 2.324 TRB. El casco era de acero, tenía capacidad para 1.518 pasajeros y la tripulación la componían sesenta marinos. Fue construido por los astilleros Onomichi Zosen K.K., en Onomichi, Japón, y botado en 1963. El 5 de junio de 1975, tras sufrir un incendio a bordo, fue completamente reformado y rebautizado Doña Paz. Pertenecía a la naviera “Sulpicio Lines”.

 

 

En la mañana del domingo, 20 de diciembre de 1987, partió de Taclobán, en la isla de Leyte, con rumbo a la capital, Manila, unos 600 km. al Norte. Iba atestado de pasajeros deseosos de pasar sus próximas vacaciones de Navidad con sus familiares. El buque tenía licencia para transportar 1.518 personas, pero en esta travesía la cifra de pasajeros superaba ampliamente lo permitido. El manifiesto de pasaje registraba una cifra de 1.586, aunque el número real estaba en torno a 4.400. Los pasajeros iban hacinados de manera inhumana, de suerte que dormían cuatro en una litera. Cientos de ellos se acomodaban como podían en los pasillos de los camarotes, ocupando casi cualquier rincón de las tres cubiertas del ferry.

Ferry Doña Paz
Ferry Doña Paz

 

 

La noche oscura cayó a medida que el “Doña Paz” se dirigía hacia el Norte a través del Mar de Sibuyan, en el corazón del archipiélago. Puso rumbo al estrecho que separa las islas de Mindoro y Marinduque – la línea marítima más transitada de las Filipinas. Alrededor de las 22:00 hora local sólo vigilaba el puente un oficial de segunda; los demás estaban viendo la televisión o bebiendo cerveza en el bar de a bordo. Mientras tanto, el pequeño petrolero “Vector”, de 639 Tn., navegaba en dirección opuesta transportando una carga de 8.800 barriles de productos inflamables.

 

Se desconoce por qué no se percataron ambas naves de sus luces de navegación, pero lo que está claro es que pasadas la diez de la noche colisionaron, provocando una deflagración al arder la carga del petrolero. Una gran bola de fuego eclosionó como consecuencia del petróleo derramado por el impacto, convirtiendo ambas naves en un holocausto.

 

Sorprendentemente, el “Doña Paz” no tenía radio, por lo que no pudo enviar llamadas de emergencia. De tal magnitud debió ser el incendio que otro ferry, que pasaba a unos 13 km. de distancia, divisó las llamas e inmediatamente se dirigió hacia el lugar del accidente, llegando hacia las 22:30. Su capitán describió el dantesco escenario de “llamas de una altura de un edificio de diez pisos”. Estuvieron buscando alrededor de la catástrofe durante tres horas y media. Sólo encontraron veintiséis supervivientes, que habían sufrido graves quemaduras. Veinticuatro eran del “Doña Paz”, que finalmente zozobró a media noche. Y sólo dos pertenecían al “Vector”, que se hundió poco después. A la mañana siguiente empezaron a aflorar cadáveres calcinados a lo largo del litoral de Mindoro y hasta al menos una semana después, siguieron emergiendo cuerpos del lugar del siniestro. Pero en total, tan sólo fueron recuperados 275 cadáveres.

 

Las autoridades empezaron diciendo que habían embarcado sólo 1.586 pasajeros, A medida que se iban personando los deudos, hubieron de reconocer que la cifra real había sido de 4.317. Si a esto añadimos los 58 tripulantes y los 11 marineros del “Vector”, tenemos que el número total de bajas ascendió a 4.386 – el mayor desastre ocurrido en el mar en tiempos de paz en cuanto a número de víctimas.

 

La investigación concluyó que hubo negligencia por parte de las Autoridades Marítimas al permitir que el “Doña Paz” navegara en condiciones de sobrecarga de pasaje y sin cumplir los requisitos de equipo de navegación exigibles. Una ulterior investigación atribuyó la responsabilidad al “Vector”, aunque los armadores del petrolero mantienen que la culpa del accidente fue del ferry.

 

* Un relato de Juan Manuel Grijalvo